Uno de los placeres más maravillosos y decadentes que uno puede disfrutar en París -y que a GEORGE le pierden-es disfrutar de un buen desayuno o un buen té en LADURÉE. Un salón de té fundado en 1862 por la esposa de Louis Ernest Ladurée, Jeanne Souchard, hija de un conocido hostelero de Rouen, que tuvo la maravillosa idea de mezclar estilos: el del café parisino y el de una genuina pastelería tradicional, dando lugar a un nuevo concepto, el de el primer salón de té que permitiía que las parisinas alternaran y departieran con total libertad. A partir de 1871 y debido a un incendio el local se convierte en un lujoso salón, gracias a la bellísima decoración del pintor Jules Cheret que elabora unos frescos en las paredes y techos del salón.
Enclavado en pleno ensanche ideado por el barón Haussmann, la inicial panadería se convierte en uno de los lugares más prestigiosos y visitados de la ciudad. Su cercanía a la nueva ópera Garnier y a la iglesia de la Madeleina le confieren un aura especial y la cita en sus mesas se convierte en obligada por toda la buena sociedad parisiense a partir del Segundo Imperio .
Pero todo lo aquí realtado no tendría razón de ser si no fuera porque la calidad del producto de LADURÉE es absolutamente excepcional.
La invención por parte del nieto de Louis Ernest Ladurée, el jóven Pierre Desfontaines del dulce que ha llevado a la casa a la cima de la fama mundial: el macaron.
Un pastelito redondo, a base de almendra, claras de huevo y azúcar; con un relleno perfumado con diversas esencias. La masa, bien trabajada con espátula y homogénea se elabora en forma de discos convexos que son horneados durante 45 minutos en un horno muy caliente.
¿Sus rellenos? Chocolates de diversos tipos, vainilla, café, pistacho, frambuesa, violeta, caramelo, naranja, nuez de coco, menta, granadina, limón, marrón glacé, praliné, melocotón, anís, champagne, azafrán, pimienta, lima, grosella negra, pétalo de rosa... para quien no haya probado nunca estos "panecillos" le diré que es algo entre la galleta y el mazapán. Es un dulce, sabroso, tierno y húmedo al mismo tiempo. El relleno suele ser cremoso y recuerda la textura de una confitura excelsa.
Si te encanta el dulce, debes convertir a partir de este momento en misión de tu vida comerte algún día una -o más- de estas crocantes bolitas de placer -hoy las hay de tamaño gigante pero yo sigo recomendando las pequeñas-.
Grosellas negras ligeras comoplumas, violetas con su capa morada... cada año nuevos sabores inundan los escaparates de LADURÉE. Y no solo los Macarons son su especialidad: bizcochos históricos, éclairs para morirse de gusto, bombones maravillosos... LADURÉE es sin duda una de las mejores pastelrías de mundo y el hecho es que hoy cuenta con sucursales no solo por todo el centro de la ciudad luz, sino que ha extendido su nombre por toda Francia y también por Berlín, Mónaco, Londres, Tokio. Sin embargo el establecimiento histórico de la Rue Royal es el original y el más encantador. El que ningún adorador de la ciudad del Sena debe dejar de visitar aunque sea una vez en la vida. Una parada entre un ajetreado día de compras por Fabourg Saint Honoré vale la pena y sentarse en una de sus mesas junto a ejecutivos, turistas de nivel, dependientes megafashion de las tiendas vecinas y señoras parisinas de toda la vida es un regalo que te mereces por hedonista, por amante del placer y por ser una persona sensible a la belleza al gusto y al lujo.
Palabra de GEORGE.
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